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La exministra de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación Arantxa González Laya presenta en Pamplona su libro Solos en el mundo.

La exministra de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación Arantxa González Laya presentó en Pamplona su libro Solos en el mundo. Estados Unidos amenaza, Rusia hace la guerra, China reconstruye un imperio… y Europa, en un encuentro centrado en los retos que afronta la Unión Europea ante la transformación del escenario geopolítico internacional.

El acto, celebrado el 14 de septiembre, fue presentado por Belén Galindo, responsable de Comunicación de Diario de Navarra, y estuvo organizado conjuntamente por la Fundación Diario de Navarra, Equipo Europa, el Consejo Navarro del Movimiento Europeo y Cociudadana.

Durante su intervención, González Laya explicó que el libro plantea una distopía situada en 2049 para imaginar una posible evolución no deseada de Europa y, a partir de ella, provocar una reflexión sobre el futuro del proyecto europeo.

La autora, que recordó sus vínculos personales con Navarra y su etapa de estudios en Pamplona, defendió la necesidad de fomentar el diálogo y la construcción europea a partir de las experiencias que ha acumulado durante su trayectoria internacional.

González Laya destacó que la construcción europea constituye algo más que un proyecto económico y recordó que la Unión Europea nació como respuesta a las dos guerras mundiales que asolaron el continente durante el siglo XX.

A su juicio, el proyecto europeo ha permitido alcanzar décadas de paz, bienestar y progreso, pero advirtió de que estos logros no deben darse por garantizados.

En este sentido, planteó dos modelos contrapuestos de futuro: avanzar hacia una mayor integración europea —también en ámbitos como los mercados de capitales, la energía o la defensa— o regresar hacia un escenario dominado nuevamente por los Estados nación.

La cuestión, señaló, es decidir «si queremos ser más europeos o no».

La exministra defendió además que ceder soberanía a las instituciones europeas puede permitir a los Estados miembros ser más soberanos frente a las amenazas externas, especialmente en un contexto internacional cada vez más complejo.

Uno de los mensajes centrales de su intervención fue su crítica a la percepción de decadencia europea. González Laya consideró que desde distintos ámbitos se está trasladando la idea de que el declive europeo resulta inevitable y recordó algunos indicadores en los que Europa presenta mejores resultados que Estados Unidos, como la esperanza de vida, la mortalidad infantil, la tasa de homicidios o el empleo femenino.

A su juicio, Europa debe evitar una visión excesivamente pesimista de sí misma y recuperar la confianza en sus propias capacidades y valores.

También lamentó que cuestiones europeas tengan todavía una presencia insuficiente en los debates políticos nacionales y reclamó más debate, negociación y capacidad de decisión conjunta.

La guerra de Ucrania ocupó también una parte importante de su intervención. González Laya advirtió de que cualquier cesión territorial a Rusia tendría consecuencias para el conjunto de Europa y defendió que la respuesta europea debe partir de la unidad.

En este contexto, comparó la situación de Ucrania con otros escenarios de presión internacional y señaló que las amenazas no convencionales también afectan directamente a España.

En relación con Ceuta, explicó que la presión migratoria puede ser utilizada como instrumento de guerra híbrida, como ya ha ocurrido en otros puntos de las fronteras europeas, y defendió que la mejor respuesta ante este tipo de ataques es mantener la unidad de los Estados miembros.

Según González Laya, Europa no es solamente un espacio de negocios y mercados, sino también una comunidad basada en valores compartidos.

La segunda parte del acto estuvo protagonizada por una mesa redonda en la que participaron Emilio Sánchez, corresponsal de la Agencia EFE en Bruselas, y Javier Larequi, miembro de Equipo Europa.

Uno de los asuntos abordados fue el desarrollo de la inteligencia artificial y la posición de las grandes empresas tecnológicas estadounidenses.

González Laya señaló que la actual carrera tecnológica está marcada, entre otros factores, por la presión de Estados Unidos para no perder terreno frente a China. Durante su estancia este verano en Silicon Valley, explicó, pudo identificar tres ideas especialmente relevantes: el tecno-determinismo, la voluntad de ampliar continuamente las fronteras de la ciencia y la convicción de que Estados Unidos no puede detenerse porque China tampoco lo hará.

Para la exministra, el problema fundamental es que estas compañías no quieren límites, algo que, en su opinión, debería preocupar especialmente a las sociedades democráticas.

La mesa redonda permitió abordar también las relaciones con Marruecos. González Laya señaló que el país está experimentando crecimiento económico, aunque este todavía no es suficiente para trasladar todo su potencial a la población, y recordó las reivindicaciones territoriales marroquíes sobre Ceuta y Melilla dentro de un contexto internacional en el que existen numerosos conflictos y reclamaciones territoriales.

También se analizó la situación política de Francia y el posible retorno de referencias al gaullismo, así como el futuro de Estados Unidos después de Donald Trump.

Sobre la sociedad estadounidense, González Laya destacó la existencia de una profunda división interna entre quienes defienden una política más centrada exclusivamente en los intereses nacionales de Estados Unidos y quienes consideran que el país debe mantener un papel activo en el mundo.

El acto continuó con un turno de preguntas del público, en el que Arantxa González Laya respondió a las cuestiones planteadas por los asistentes, cerrando un encuentro dedicado a analizar los desafíos geopolíticos, tecnológicos y políticos que determinarán el futuro de Europa.

El encuentro concluyó con la intervención de Aladino, quien destacó que el libro plantea una reflexión sobre la actual separación entre Estados Unidos y Europa, pero también una llamada a la acción desde la esperanza y el optimismo.

En su intervención final, reclamó superar lo que definió como un «letargo acomodado» y un «individualismo aborregado» para adoptar una actitud activa en defensa del proyecto europeo.

Asimismo, reivindicó la superioridad de los valores europeos como elemento esencial para construir el futuro de la Unión y defendió la necesidad de fortalecer Europa para evitar que la fuerza bruta termine imponiéndose en las relaciones internacionales.

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