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Los deberes y las obligaciones en el corazón de los Derechos Humanos

El Defensor del Pueblo, Ángel Gabilondo, protagoniza un acto en Pamplona en el que reivindica una ética de la responsabilidad compartida como clave para la vigencia de los Derechos Humanos

Pamplona, 24 de junio de 2025

En un tiempo atravesado por guerras, desigualdades crecientes y desconfianza en las instituciones, el Defensor del Pueblo, Ángel Gabilondo, ofreció una profunda y luminosa conferencia en la sala Pinaquy de Pamplona, convocado por la iniciativa ciudadana Co.Ciudadana, bajo el sugerente título: “Los deberes y las obligaciones en el corazón de los Derechos Humanos”.

Durante su intervención, Gabilondo desplegó un discurso alejado de lugares comunes, construido desde la filosofía y el humanismo, en el que defendió que no puede haber derechos humanos sin deberes humanos, y que el respeto, la hospitalidad, la participación o el compromiso con las futuras generaciones no son accesorios, sino el alma misma de una convivencia justa.

“Los derechos no son una herramienta: son el camino. Y no lo recorreremos solos”, señaló.

La conferencia partió de una constatación inquietante: la actual regresión de los derechos fundamentales en el mundo. Con más de 56 conflictos armados activos, nuevas formas de violencia tecnológica y un auge global del cinismo institucional, Gabilondo subrayó que los Derechos Humanos están siendo desplazados en la jerarquía de valores por la seguridad y el orden, y llamó a restablecer su primacía.

En este contexto, defendió el valor transformador de conceptos como “cordis” (corazón), que conecta con palabras como concordia, coraje o acuerdo, y reclamó volver a hablar de dignidad, bondad y amor propio como ejes del espacio público. “Sin esfuerzo no hay nada que hacer, pero sólo con esfuerzo tampoco”, recordó, citando a Kant y a Galeano.

Uno de los hilos más poderosos de su intervención fue la idea de interdependencia: los derechos son universales, inviolables e inherentes, pero necesitan del “otro” para cobrar sentido. Frente a la tentación del individualismo resignado, Gabilondo propuso una ética del nosotros, donde la hospitalidad, el cuidado y la palabra compartida son deberes que nos constituyen.

Recordó que no puede haber humanidad sin humanización, y que la deshumanización es la raíz común de los grandes crímenes de la historia. Apostó por repensar el humanismo a la luz de los nuevos desafíos —como los neuroderechos o la inteligencia artificial— sin perder de vista las enseñanzas de figuras como Kant, Bacon o Federico Mayor Zaragoza.

La intervención no fue solo una reflexión filosófica, sino una llamada a la acción cívica: a no ceder ante el escepticismo, a actuar aunque nuestras acciones parezcan pequeñas, a acordar sin miedo. “Acordar no es burocracia, es democracia”, afirmó.

En sus palabras finales, reivindicó que vivir una vida buena no es lo mismo que buscar la felicidad, y que hay que crear las condiciones para una sociedad más justa, aunque no haya un manual de instrucciones para lograrlo.

“Guardemos el pesimismo para tiempos mejores”, concluyó.

El evento fue presentado por Patxi Vera, Defensor del Pueblo de Navarra, y por Aladino Colín, en nombre de Co.Ciudadana. Ambos destacaron la necesidad de espacios como este, donde la palabra serena, el pensamiento profundo y el diálogo comprometido se abren paso entre tanto ruido.

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