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Navarra y Europa: memoria, balance y futuro de un proyecto compartido

El pasado 4 de febrero, el Nuevo Casino de Pamplona acogió un acto de reflexión histórica y política sobre la integración de España —y de Navarra— en la Unión Europea, enmarcado en las actividades de Cociudadana y del Consejo Navarro del Movimiento Europeo así cómo Diario de Navarra y otras asociaciones.

El encuentro fue presentado por Txema Olivar, presidente del Consejo Navarro del Movimiento Europeo, y contó con la introducción de Javier Andreu, presidente de la Sociedad de Estudios Históricos de Navarra, quien dio paso a los ponentes: Pablo Pérez López, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Navarra, y Aladino Colín, exvicepresidente del Gobierno de Navarra en los años clave del ingreso de España en las entonces llamadas Comunidades Europeas.

Pablo Pérez López abrió su intervención recordando una célebre afirmación de José Ortega y Gasset en 1910: «España es el problema, Europa la solución», formulada en un contexto marcado por la reciente pérdida de las colonias. Sin embargo, el propio siglo XX demostraría que Europa también fue escenario de un auténtico “infierno”: la Primera Guerra Mundial, el periodo de entreguerras y la Segunda Guerra Mundial, definida como una destrucción mutua y un suicidio colectivo.

Tras ese colapso, emergieron dos nuevas superpotencias, Estados Unidos y la Unión Soviética, y quedó patente la pérdida de peso geopolítico de las potencias europeas tradicionales, algo que se evidenció definitivamente tras la crisis de Suez en 1956. En este contexto, en 1957 nacen las Comunidades Europeas con el acuerdo del carbón y el acero, sentando las bases de una integración económica destinada a evitar nuevos conflictos.

España, que en 1957 inició un cambio de modelo económico, solicitó formalmente su entrada en las Comunidades Europeas en 1962, petición que fue rechazada por el carácter dictatorial del régimen franquista. Aun así, ese mismo año se celebró el Congreso del Movimiento Europeo, en el que confluyeron las distintas sensibilidades políticas españolas, con la excepción del Partido Comunista.

En 1970 se firmó un acuerdo comercial preferente con España, en un contexto de fuerte crecimiento económico que incluso generó recelos en algunos países europeos por la competitividad española. Con la Transición democrática, la adhesión europea se convirtió en uno de los tres grandes pilares del nuevo sistema político, junto a la amnistía y la creación del Estado autonómico.

Las negociaciones de adhesión comenzaron en 1979, se vieron interrumpidas por el intento de golpe de Estado de 1981 y se ralentizaron por las dudas sobre la estabilidad democrática española. La entrada en la OTAN en 1982 supuso una señal clara de alineamiento occidental. Finalmente, con la llegada del PSOE y su mayoría absoluta, las negociaciones se reactivaron y culminaron con la firma del tratado en 1985 y la entrada efectiva en las Comunidades Europeas en 1986.

Aladino Colín subrayó que el ingreso en Europa fue vivido como un anhelo compartido por la sociedad navarra y española, identificado con la consolidación definitiva de la democracia tras la dictadura. En Navarra, este proceso coincidió con una profunda transformación institucional: la mejora del Fuero, las primeras elecciones al Parlamento foral, la formación del primer Gobierno de Navarra en 1984 y la aprobación de leyes clave como las de transferencias del Estado, el euskera o la nueva organización administrativa.

Recordó que aquel cambio de modelo fue complejo y exigente, marcado por inercias del pasado y por la violencia terrorista de ETA, que condicionó durante décadas la vida política y social. Aun así, el balance histórico es ampliamente positivo: crecimiento económico, aumento de la esperanza de vida, fortalecimiento institucional y una clara vocación europea compartida.

Durante el acto se destacó que España ha recibido en torno a 150.000 millones de euros en fondos europeos de cohesión, que han permitido desarrollar infraestructuras clave como el AVE, carreteras, autopistas o redes de comunicación. En Navarra, la integración europea impulsó de forma decisiva las exportaciones y la internacionalización de su tejido industrial.

Los datos actuales respaldan este sentimiento: siete de cada diez españoles se declaran favorables a la Unión Europea, una percepción que también se refleja en los estudios y paneles de Cociudadana, que ya acumula más de diez ediciones de análisis sobre la realidad navarra.

No obstante, los ponentes coincidieron en señalar que la Unión Europea atraviesa hoy un momento crítico, con importantes desafíos políticos, sociales, económicos y geopolíticos. Entre ellos, la incertidumbre en las relaciones transatlánticas, el aumento de tensiones comerciales, la presión para incrementar el gasto militar y la necesidad de avanzar hacia una mayor autonomía estratégica.

Aladino Colín cerró el acto con un mensaje de optimismo realista: los desafíos actuales representan también una oportunidad para reforzar el proyecto europeo. Apostó por más Europa, por una mayor capacidad de defensa propia, independencia energética, innovación, productividad y cohesión política, sin renunciar a los valores compartidos de libertad y democracia que han sustentado el vínculo atlántico.

Recordó que los líderes políticos pasan, pero los pueblos y los valores democráticos permanecen, y concluyó citando un artículo de Daniel García Andía en Diario de Navarra:
«Si Occidente ha muerto, larga vida a Occidente».

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